¿Por qué hablamos de Orgullo LGBTIQNB+ (Lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex, queer, no binarie y más)?
La noción fundamental del orgullo LGBTIQNB+ parte de una idea sencilla pero poderosa: ninguna persona debería sentir vergüenza por quién es. Todas las personas tenemos derecho a vivir nuestras identidades de manera libre, segura y orgullosa, pudiendo decidir cuándo, cómo y dónde expresar los distintos aspectos que forman parte de quienes somos.
Sin embargo, las personas LGBTIQNB+ han atravesado históricamente múltiples formas de discriminación, exclusión y violencia. El llamado "clóset" es una expresión de esa realidad: representa la presión social que empuja a muchas personas a ocultar su identidad por miedo al rechazo, la pérdida de vínculos, la discriminación o incluso la violencia.
Hablar de orgullo es cuestionar esa lógica. Es reconocer las trayectorias, resistencias y luchas de quienes abrieron camino para la conquista de derechos y para la construcción de sociedades más inclusivas. También es recordar que los derechos conquistados no son definitivos y que requieren ser sostenidos y defendidos colectivamente.
Desde una perspectiva de salud pública, el orgullo también es una cuestión central. La discriminación, el estigma y la exclusión impactan negativamente en la salud de las personas LGBTIQNB+, generando barreras para acceder a servicios de salud, afectando el bienestar emocional, profundizando desigualdades evitables y reduciendo la expectativa de vida. Por eso, garantizar políticas públicas sostenidas, equipos de salud capacitados y un sistema sanitario accesible y respetuoso de la diversidad no es un gesto simbólico: es una condición necesaria para el ejercicio efectivo del derecho a la salud.
Cuando hablamos de orgullo no hablamos únicamente de identidad o representación: hablamos también de condiciones de vida, acceso a derechos, equidad en salud y, por ende, de salud pública.
La ampliación de derechos beneficia a toda la sociedad porque nos permite construir comunidades más justas, diversas y democráticas. Pero para las personas que históricamente han sido excluidas por su orientación sexual, identidad o expresión de género, estos avances tienen un impacto directo en su posibilidad de estudiar, trabajar, acceder a la salud, formar una familia y desarrollar un proyecto de vida pleno.
Todavía queda mucho camino por recorrer. Las leyes son fundamentales, pero por sí solas no alcanzan. Los derechos necesitan políticas públicas, instituciones comprometidas y un sistema de salud fortalecido que pueda garantizar el acceso efectivo de todas las personas. Cuando se debilitan las herramientas de prevención, acompañamiento y cuidado, las poblaciones históricamente vulneradas son las primeras en sentir el impacto. La construcción de una sociedad más inclusiva requiere transformaciones culturales, educativas, sanitarias e institucionales que permitan que todas las personas puedan ejercer plenamente sus derechos y vivir con dignidad.
Actualmente nos encontramos en un momento histórico donde vuelven a tener un crecimiento significativo los discursos de odio, la persecución y la criminalización de las identidades LGBTIQNB+. Cuando desde los diversos poderes se reproducen éstos discursos y prácticas discriminatorias, el impacto es directo y negativo en el día a día de las personas del colectivo. Habitar espacios, ser parte de lo público, poder mostrarse con orgullo, nunca ha sido tan sencillo pero ahora lo es todavía menos ya que el orgullo se castiga con violencia y exclusión en la mayoría de entornos, traduciéndose en pérdida de derechos, de dignidad e incluso en muchos casos, hasta la vida.
Defender el orgullo también implica defender las condiciones que hacen posible una vida digna: el acceso a la salud, a la educación, al trabajo y a espacios libres de discriminación. Desde la salud pública entendemos que la diversidad no es un tema sectorial, sino una dimensión que atraviesa el bienestar de toda la comunidad y que debe ser incorporada de manera activa en las políticas, programas y prácticas de cuidado.
Como expresó Carlos Jáuregui:
“En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”.

