50 años del Golpe: el laboratorio de las Abuelas y una genética a puro corazón

Mary-Claire King y Víctor Penchaszadeh fueron dos de las piezas fundamentales de un rompecabezas en el que confluyen ciencia, justicia y derechos humanos. El recuerdo de un encuentro inolvidable con Estela de Carlotto y Chicha Mariani.

En el mundo, la ciencia argentina es reconocida, especialmente, por sus aportes en la restitución de identidades de nietos apropiados durante la última dictadura. A medio siglo del golpe, las marcas del terrorismo de Estado y los discursos negacionistas todavía son combatidos, a partir de la última evidencia científica disponible. Desde un comienzo y durante décadas, hubo muchas figuras del campo de la investigación que hicieron posible el anhelo de memoria, verdad y justicia que las Abuelas llevaban como antorcha. Dos de las más relevantes fueron Mary-Claire King y Víctor Penchaszadeh: referencias ineludibles y protagonistas del Índice de Abuelidad, que permitió, a la fecha, que buena parte de los 140 nietos y nietas reconstruyan su historia. Exactamente 117, desde la nieta 23.

King nació en Chicago en 1946 y pronto supo que estaba hecha para la ciencia: primero estudió matemáticas y luego se doctoró en genética. De hecho, treinta y tantos años después, para cuando las Abuelas depositaron su confianza en ella, ya era una joven investigadora de renombre. Por caso, estudiaba el gen BRCA1, llave para comprender cáncer hereditario de mama y ovario, fundamental para el posterior desarrollo de tratamientos dirigidos; además había señalado que en el marco de la biología evolutiva, chimpancés y humanos tenían en común nada menos que el 99 por ciento del ADN.

Con esta experiencia a cuestas y, entrenada en los últimos avances de genética aplicada, King se convirtió en la madrina de una fórmula matemática pulida que, luego de mucho desarrollo y cerebro, se conoció como Índice de abuelidad. Ante la ausencia de madres y padres desaparecidos, los avances que impulsó permitieron trazar parentescos a partir del vínculo que unía abuelas y nietos.

El trabajo de King fue tan impecable como comprometido. Como reconocimiento a su tenacidad y talento, entre otras distinciones fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias en Investigación Científica y Técnica, la “medalla de bienestar público” de parte de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. y el doctorado honoris causa de la UBA.

Encuentro definitivo

Sin embargo, esta historia feliz que une ciencia y derechos humanos no se hubiera contado si en el medio no hubiera aparecido un actor clave: el genetista argentino Víctor Penchaszadeh. Un médico pediatra con posgrados en genética humana, bioética y salud pública, que debió exiliarse a Venezuela y luego a Estados Unidos, tras ser perseguido por la Triple A. A fines de 1975, en pleno centro palermitano, cuando caminaba rumbo a su consultorio, lo abordaron unos hombres, lo amordazaron, le vendaron los ojos e intentaron llevarlo. Afortunadamente, el secuestro no salió como esperaban los captores y pudo huir. El vehículo en que debían llevarlo no estaba listo y Víctor ahí supo que sí estaba listo, pero para irse del país.

Exiliado en EE.UU., a través del contacto de Emilio Mignone y “Yoyi” Epelbaum, se reunió en 1982 con Estela de Carlotto y Chicha Mariani en un bar de Nueva York. Víctor Penchaszadeh lo recuerda a Página/12: “En noviembre de 1982, para cuando Chicha y Estela llegaron a Nueva York, yo vivía allí. Me estaban buscando y nos reunimos en el Hotel Lexington. Me expresaron su preocupación sobre cómo se podría identificar a sus nietos si sus padres no estaban, cuando llegara la democracia. La preocupación de las Abuelas venía desde antes, porque habían estado haciendo consultas en Europa y les habían dicho que no se podía sin los padres”. Y continúa con el relato: “Les dije, en cambio, que eso que les habían dicho en Europa estaba equivocado, porque todas las personas tienen genes derivados de los cuatro abuelos y de sus padres. Era cuestión de adaptar la fórmula que se estaba usando para el índice de paternidad. Ahí les comenté de Marie Claire King, que era muy amiga mía, y les dije que me pondría en contacto”.

A la distancia, el genetista argentino atesora esa conversación y la rememora como un encuentro tan intenso como emotivo. Casi al unísono, tiene grabado en su mente, cuando ambas le dijeron: “Vos que sos argentino, genetista y vivís en el centro del mundo, ¿crees que podrás encontrar algo más importante a lo que dedicarte que a buscar la manera de que podamos identificar a nuestros nietos?”.

Para Penchaszadeh esa pregunta llegó envuelta de mandato. “Creo que logré calmarlas un poco, porque estaba realmente seguro de que era factible lo que les proponía. Bastaba obedecer a las leyes de herencia, medir grupos sanguíneos y los antígenos de histocompatibilidad, pero con las abuelas. El resto es historia”, destaca.

El mejor experimento de todos

El interrogante de las Abuelas era sencillo: ¿cómo hallar a los nietos y nietas apropiados por dictadores y cómplices si sus padres y madres estaban desaparecidos? Pequeños cuyos captores se habían tomado el trabajo de cambiarles la identidad. Penchaszadeh sabía que la ciencia estaba de su lado, pero para ello necesitaba hacer contacto con King y reunir un equipo.

Desde California, King trabajó con un conjunto de genetistas poblacionales en una solución. Participaron el italiano Luca Cavalli-Sforza, el chileno Cristian Orrego y el francés Pierre Darlu. Las características genéticas de un hijo debían estar presentes en ambos padres. No obstante, ante la desaparición de ellos, el azar tendría una cuota mayor. En vez de comparar el ADN del nieto o nieta con otros dos (con el de sus padres) había que hacerlo con cuatro (con el de sus abuelos).

Para mediados de 1983, la nueva fórmula estaba lista, pero había que probarla. Así que al año siguiente, King llegó a Argentina y se contactó, entre otras, con Ana María Di Lonardo, jefa de inmunología del Hospital Durand. En su laboratorio, finalmente, se realizó la primera identificación.

La fórmula fue un éxito: la primera nieta hallada gracias al Índice de abuelidad tenía nombre y apellido. Se trató de Paula Logares. Tres años más tarde, se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos que, precisamente, atesora, los registros genéticos de las abuelas y, en el presente, es crucial para comprobar nuevos vínculos biológicos con aquellas personas que todavía tengan dudas con respecto a su historia y su identidad.

Desde ese momento, en colaboración con entidades como el Equipo Argentino de Antropología Forense, se restituyó la identidad de 140 nietos y nietas. De ellos, se estima que 117 fueron identificados gracias a las herramientas provistas por la ciencia y promovidas por figuras como King y Penchaszadeh. Científicos que entregaron su cerebro y su compromiso a contribuir con una de las causas más justas de todas. El experimento feliz de las Abuelas.

 

PUBLICADO EN PÁGINA12 (CLICK ACÁ)

©2026 Asociación Argentina de Salud Pública

Search

Comprar Metformina (glucophage) online sin receta Comprar Viagra en Estados Unidos Comprar Cialis super active online Comprar Cialis en Gibraltar online Comprar Cialis Barcelona en España online Comprar Metformina 500 mg online sin receta Comprar Augmentine (amoxicilina) 500 mg online