Ozempic, los fármacos contra el alzhéimer y las vacunas contra la malaria, los hitos científicos de 2023

De forma unánime este año todos apuntan a Ozempic y compañía la revolución científica del año. Si se es justo son los análogos de los GLP-1 los que han supuesto un punto de inflexión en la Medicina y en el abordaje de la obesidad. Y lo que llegó de la mano de Ozempic se ha visto ampliado por otros como Wegoby, Mounjaro... "y por todo lo que está por llegar", insisten al unísono todos los expertos.

Hace unos días era la revista Nature, hoy le toca el turno al ranking de Science. Desarrollados originalmente para tratar la diabetes hace casi 20 años, recientemente se ha disparado el entusiasmo en torno a los medicamentos GLP-1 para tratar la obesidad. Y este año, dos ensayos clínicos históricos que demostraron en gran número que los agonistas de GLP-1 produjeron beneficios significativos para la salud más allá de la pérdida de peso en sí.

En su editorial, escrito por Holden Thorp, editor en jefe de las revistas Science, se cuestionan las incógnitas que se dejan sobre la mesa. "A pesar de todas sus promesas, los agonistas del GLP-1 han planteado más preguntas de las que han respondido". De hecho, muchos de sus efectos secundarios están bajo vigilancia de las agencias reguladoras, tanto en Europa como EEUU.

A los médicos también les preocupa que las personas que no tienen sobrepeso ni obesidad recurran al tratamiento para adelgazar. "Un estudio de 2022 que informó que la semaglutida impulsó una pérdida de peso corporal del 16% en adolescentes con obesidad fue recibido con esperanza, pero también con angustia, ya que subrayó una pregunta desconcertante: ¿Son los agonistas del GLP-1 medicamentos "para siempre" que las personas deben tomar indefinidamente para preservar el peso?".

Aquí, concuerda con Andreea Ciudin, endocrinóloga y coordinadora de la Unidad de Obesidad del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, que manifiesta a SMC que "una de las preguntas más importantes es cuánto tiene que durar el tratamiento. Y esta pregunta, de hecho, no tendría ni que existir". Porque hay que cambiar el chip y considerar "la obesidad es una enfermedad crónica, con múltiples causas, con alteraciones biológicas complejas que necesita tratamiento crónico. Además, también tenemos que aprender a manejar estos nuevos medicamentos tan potentes no solo en pérdida de peso, pero también en remisión de comorbilidades", añade Ciudin.

Sobre esto, Luis Cereijo, investigador en epidemiología social y cardiovascular de la Universidad de Alcalá, en declaraciones a SMC, apunta que "abrazar el tratamiento farmacológico como única solución supone cronificar la obesidad renunciando a modificar las causas que empeoran la salud de las personas. Esto conlleva renunciar a que una mejora de las condiciones de vida permita que puedan mejorar sus hábitos de actividad física, alimentarios y de descanso".

Además, Cereijo añade que "la forma en la que hemos recibido este fármaco como una suerte de "bala de plata" para eliminar la obesidad debe hacernos reflexionar sobre la manera en la que nos relacionamos con el sobrepeso y la obesidad".

FÁRMACOS QUE FRENAN EL OLVIDO Y VACUNAS CONTRA LA MALARIA

Pero no todo son los GLP-1. También hay un hueco para una enfermedad neurodegenerativa y la esperanza que abren la llegada de nuevos tratamientos: alzhéimer. En concreto, un anticuerpo monoclonal antiamiloide llamado lecanemab, ya aprobado en EEUU y Japón, y otro similar llamado donanemab, pendiente de visto bueno. Jennifer Couzin-Frankel, editora de la revista, explica que "aunque los investigadores, médicos y pacientes de alzhéimer lo están celebrando, también están viendo un lado oscuro: el riesgo de inflamación y hemorragia cerebral debido a los tratamientos, que en casos raros han sido fatales".

Couzin-Frankel hace mención a "las personas con una variante genética que predispone al alzhéimer, llamada APOE4, son especialmente propensas a sufrir este efecto secundario. También corren un riesgo potencialmente mayor las personas que toman medicamentos para prevenir o disolver los coágulos de sangre, incluidos aquellos que sufren un derrame cerebral y reciben potentes destructores de coágulos como tratamiento de emergencia".

Los esfuerzos contra la malaria también han sido subrayados por Science. Este año se dio un doble impulso con nuevas vacunas. Una gran evaluación de la primera vacuna contra la malaria del mundo, llamada Mosquirix, mostró que redujo de forma significativa las muertes en niños pequeños, el grupo más afectado por la enfermedad, matando a casi 470.000 al año sólo en el África subsahariana.

Además, en la actualidad, una segunda vacuna está lista para unirse al botiquín profiláctico, con la aprobación por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de una inyección llamada R21/MatrixM. Tiene un diseño similar al Mosquirix, pero se puede producir de forma más económica y en mayores cantidades. Debería ayudar a cerrar la enorme brecha entre la oferta y la demanda de vacunas contra la malaria, previniendo potencialmente decenas de miles de muertes infantiles al año.

 

PUBLICADO EN ELMUNDO.ES (CLICK AQUÍ)

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